Viernes, 10 de Septiembre de 2010
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Peridico semanal
NUM. 730 10-09-2010
 
   
 
  Sobre fiestas y tendencias

10-09-2010

Comida biosaludable de lo más puturrú en un palacete con vistas. Fauna variada con muchas horas de ingeniería cosmética, mucho “gloss”, mucha cara luminosa, todo muy en plan “antiaging” (la palabra de moda). Un camarero me recita con voz de cigarra y ademán de sepulturero, a modo de catecismo escolar, la carta de aguas de baja mineralización. Lo miro de reojo. Y él a los suyo: «saber elegir es ganar en salud, porque las aguas de bajo contenido en sodio son perfectas para el adelgazamiento y la hipertensión, las ricas en calcio combaten la osteoporosis, las fluoradas previenen las caries, las ricas en magnesio favorecen la eliminación de cálculos renales, las bicarbonatadas estimulan la digestión y blabla». Sonrío. Muy interesante, le respondo, aunque prefiero un blanquito, un Rías Baixas, fresquito, uva albariño, ya sabe… Siento como la mirada del aguador vocero me taladra la nuca. En los previos, intercambio de cápsulas y pastillas: unas adelgazan, otras combaten la celulitis… La comida, escasita. Muy sana, eso sí, a base de crudités, ensaladas variadas y degustación de botellas de agua… Más que una comida parece una exposición de Archimboldo, me digo, mientras me sirvo otro vinito. Y como en estos saraos es donde se deciden las tendencias, me entero de que hoy en día quien no tiene un “personal training” es un mindundi. Aunque para estar a la última hay que practicar el Chi Kung, es lo más: rollito filosofía china, yoga, armonía cuerpo y mente... Antes del postre, un repaso al catálogo de fotodepilaciones, mamoplastias, electroagujas de radiofrecuencia bipolar que inyectan ácido hialurónico para el rejuvenecimiento integral… Un planazo. A mi derecha, una gorda boteriana me detalla su carísimo circuito termal en un balneario y me relata las excelencias de su última compra: una plataforma vibratoria doméstica. «Estás fantástica», le digo. En realidad quiero decir: «no te luce nada, botija». Aunque lo que más me impactó fue cuando me confesó lo de la liposucción del pubis. Parece ser que, a ciertas edades, el monte de Venus, una vez depiladito, se nota grasiento, descolgado y deformado, como la cara de Mickey Rourke. Y para uno, que ya tenía asumido como fetiche lo de las ingles brasileñas, ha sido todo un mazazo. También me informan de que es una época fantástica para comprar un yate. Por lo visto los regalan comprando tres paquetes de phoskitos. Por fin vuelvo a mi realidad. Comienzan las Ferias. Chiringuitos ahumados, montaditos de panceta con su grasa incorporada y botellines a morro. Se agradece. Es lo que tiene haberse criado en las barras de Casa Matías, La Palma, Casa Claudio o La Palentina. Felices Fiestas, sin excesos, que estamos en crisis.

Julio Gómez Taracena


  Un soplo de aire fresco

03-10-2010

Hoy 3 de septiembre, como un soplo de aire fresco, un tropel de estudiantes, cargados de nervios, ansiedad y esperanza, se amontonan desde primera hora de la mañana en los diferentes Centros Asociados de la UNED. Más de 160.000 alumnos, repartidos por toda España y más de 11 países en el extranjero, están convocados a los exámenes de su universidad –denominada Nacional de Educación a Distancia–. Una complejísima estructura que da cobertura y permite que estos miles de estudiantes, estén donde estén –La Coruña, Cádiz, Albacete, Guadalajara, Barcelona, Molina, Sigüenza, Malabo, Berlín, Madrid, Cartagena, Buenos Aires, Nueva York…– puedan cursar, examinarse y obtener un título universitario en más de 26 carreras.

Apiñados –derecho, psicología, arte, informática…– repasan los últimos minutos, y atesoran la experiencia de saber que seguir y terminar una carrera en la UNED, es duro, muy duro; todos los programas, de todas las asignaturas, de todas las carreras, se cursan íntegros, y la distancia se empeña en proporcionar objetividad y rigor. Sin embargo, en esta convocatoria –septiembre del 3 al 9 de 2010– se volverá a confirmar el alto, el altísimo número de aprobados, de notables y de sobresalientes que estos estudiantes de la UNED se empeñan en conquistar.

Al acceder a la carrera elegida –con miedo pero con un fuerte sentimiento de superar su propio límite y de mejorar– el alumno de la UNED, tras haber rebasado con mucho la lógica edad de ser estudiante, y tras haber aprobado una dura selectividad –el Curso de Acceso para mayores de 25 años–, compatibiliza sus estudios con el desempeño de una profesión y con fuertes cargas familiares. Estudia después de trabajar, después de cenar con su familia, antes de que nadie en la casa se levante, mientras que otros van al cine, de compras, pasean, descansan… aferrados a una voluntad de hierro y con un encomiable afán de superación; con trabajo y tenaz disciplina; con interés, constancia y un contagioso entusiasmo por la educación, estudian intensamente para obtener buenas calificaciones, en un reto personal continuo cuyos sacrificios no les impide disfrutar de sus estudios, a los que se dedican con serena complacencia.

Por eso hoy, 3 de septiembre, un soplo de aire fresco nos visita y nos devuelve el ánimo y el deseo por empatizar con esta sociedad que, asfixiada en su propia crisis económica, estrujada por embrollos sociales y éticos, enmudecida por tanto charlatán, se defiende, aunque sorda y ciega, con valores y prototipos que desde su interior germinan como modelos plausibles de respeto y consideración.

Esther Alegre Carvajal. Profesora de Historia del Arte de la UNED


  Los valores

30-07-10

Siento una gran admiración por Manuel Ramírez, un prestigioso jurista, que en la actualidad es catedrático de Derecho Político en la Universidad de Zaragoza. Aunque no le conozco en persona, sé de él a través de sus libros y de sus escritos. En ellos desgrana siempre sus puntos de vista sobre la sociedad española. Y yo suelo compartirlos casi de forma absoluta y manifiesta.

Recientemente, en uno de sus artículos, señalaba la sensación que él tenía de que una buena parte de nuestra sociedad (en especial él citaba a la juventud en España) basa casi por completo su sistema de valores en tres, que él, precisamente, denominaba dis-valores. Son los siguientes: a) el hedonismo (el placer como fin supremo); b) el consumismo (comprar-consumir-y volver a comprar); y c) la comodidad: el afán de conseguir el éxito sin esfuerzo. Y decía que, para contrarrestar esta situación tan perversa, las sociedades (sobre todo las sociedades democráticas) deberían basarse en otro tipo de valores reales, cuya lista (nunca exhaustiva) mencionaba: a) el diálogo (y no el di-algo…) como instrumento de relación social y política; b) el anti-dogmatismo en la mayoría de los órdenes de la vida; c) la aceptación de la relatividad en política cuando se trata de dilucidar cuál es la verdad (es decir, justamente lo contrario de lo que el totalitarismo exige); d) el reconocimiento de la autoridad en todos sus aspectos y, de forma muy singular, en el terreno educativo; e) la comprensión de la actividad política como un servicio a la comunidad y no como una forma de arrimar el ascua a la propia sardina; f) la aceptación de la sociedad pluralista en la que todos los demócratas tienen voz y presencia activa; g) la valoración de la participación cooperadora y solidaria en las tareas de la sociedad; h) el respeto a la opinión de los mayores; i) la formación de un espíritu crítico ante el entorno que nos rodea; j) la valoración del pudor y del sentido del ridículo en la vida social; y k) finalmente, todo cuanto significa la prevalencia de la virtud pública en cuanto lo requiera la misma consideración del ciudadano como persona: la patria, la tradición, los símbolos, etcétera.

Al final de la lectura de este artículo yo me planteé la siguiente pregunta: ¿Cuáles de estos valores son los que forman parte hoy del bagaje intelectual y moral de la pandilla de impresentables que nos “gobierna”, tanto en el ámbito estatal como en muchos otros ámbitos, autonómicos o municipales? Mi respuesta, como el Lector podrá ya colegir fue desesperanzadora: ¡Ninguno!

Ninguno, porque creo que estos valores son constitutivos de una cultura distinta de la que padecemos; de una forma tal de entender la vida que ni ZZ ni la mayoría de sus secuaces pueden ser capaces siquiera de atisbar.

David Pérez. Abogado y escritor


  El estilo y la política

23-07-10

Siempre he dicho, y lo mantendré hasta que no me demuestren lo contrario, que es sorprendente que personas cultas, coherentes, profundas en convicciones y de amplios matices humanos puedan dar la imagen política que hoy día, muchos de ellos dan. No recuerdo quién dijo que «la política es la modificación de lo real». Esto no sería malo si las modificaciones siempre se realizaran en el mismo sentido, es decir, mejorar las condiciones sociales, el del progreso, precisamente por lo que un buen político debe luchar siempre.

Y es que los partidos políticos, todos, son colectivos carentes de democracia, de libertad, de ética y de sensibilidad, y claro, son capaces y lo consiguen, de “moldear y adecuar” a las personas que los integran, básica y principalmente a aquéllos que tienen responsabilidades políticas. La ética política o ejemplo del buen hacer y de la honestidad, siempre agregará las preferencias de los ciudadanos, fomentará la socialización de la política, transmitirá principios, creará opinión y proyectará ideas que propicien la convivencia, la seguridad y el bienestar general.

La oposición política no debe estar para “darse besos” porque, disentir, criticar, corregir y seguir toda evolución de gobierno, con estilo y honestidad, es de crucial importancia para la democracia. Pero hoy ya casi se ha instituido y convivimos diariamente con la política de la disputa, de la amenaza, de la descalificación, del insulto… y todo ello, dicho con un lenguaje arrabalero que causa estupor. Lamentablemente, el desarrollo y el dominio de los medios hacen que la política sea un desagradable espectáculo y ha pasado de ser una misión moral a un arte de gobernar en donde los intereses de partido derrotan a las pasiones como normas de convivencia. Por eso, la sociedad ya no sabe si es mejor un político eficaz o un político ético. Ha llegado el momento de exigir respeto y ética política a nuestros políticos. Que se dejen de radicalismos, que dialoguen y se entiendan, que sus disputas políticas y de lucha por el poder no perjudiquen a los ciudadanos y que no olviden que la política es una actividad humana y por tanto, debe estar regida por la moral y la educación. Piensen que el ejemplo que están dando a la juventud es poco edificante y ellos son nuestro futuro. Siento mucho generalizar porque hay políticos ante los que me descubro. Feliz verano amigos.

Juan Garrido Cecilia. Presidente del Patronato de la Fundación Siglo Futuro



  Vejez, libertad, radicalidad

16-07-10

Se acerca el mes de agosto y con él mi cumpleaños. Impresionada por la nueva cifra de años vividos recuerdo una de las cosas más profundas que dijo Saramago: «Cuanto más viejo me hago, más libre. Cuanto más libre, más radical». La frase puede parecer extraña en un mundo que menosprecia la vejez, pero expresa una idea que me gusta mucho: que los años no sirven para matar en nosotros esa hermosa rebeldía que todo niño siente ante la injusticia, sino que pueden llegar a reforzarla.

Así pues, hoy quiero celebrar que estoy a punto de ser un poco más libre y más radical combatiendo una injusticia enorme recordada esta mañana gracias a un mensaje, de esos que se transmiten por Internet, en el que se van emparejando fotos de los padecimientos por los que pasó el pueblo judío en la segunda guerra mundial con imágenes actuales de Cisjordania y Gaza: niños amenazados por las armas, casas demolidas, personas huyendo, muros de separación… Y da escalofríos ver lo mucho que se parecen las unas a las otras. El viejo radical Saramago ya reflexionó sobre esto mismo en 2002, cuando estuvo en Ramala en el Parlamento de Escritores: «Me pregunto si el haber sufrido tanto no sería el mejor motivo para no hacer sufrir a los demás», dijo entonces, y sus palabras hirieron a los gobernantes israelíes que, al parecer, tienen la piel mucho más sensible que los ojos.

Un millón y medio de personas (4.167 por km2 frente a los 91,4 de España) viven en Gaza en condiciones inhumanas. Sin comida. Sin medicinas. Sin colegio los niños. Sin trabajo muchos de los adultos. Sin posibilidad de salir. Sin nada que hacer. Y cuando, hace unas semanas, varias decenas de ciudadanos del mundo se decidieron a auxiliarlas, fueron atacados con ferocidad como si en vez de artículos de primera necesidad llevaran bombas. Menos mal que entre ellos iba gente con acceso a los medios de comunicación, como el escritor Henning Mankell. ¡Qué habrían intentado hacernos creer los servicios secretos israelíes si no hubiera sido así!

Hace cuatro años pasé varios días de mis vacaciones en Ramala. Quería ver lo que pasa en esa parte tan conflictiva del mundo, y encontré una situación semejante a la de la Sudáfrica del apartheid. Los israelíes y los palestinos que están a favor de un cambio pedían ayuda exterior, porque no se ven capaces de conseguirlo sólo con sus fuerzas. ¿Será capaz la comunidad internacional (o sea, también nosotros) de dársela?

Blanca Calvo Alonso-Cortés. Directora de la Biblioteca Pública de Guadalajara


 
 
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